domingo, 30 de enero de 2011

LA EMPERATRIZ




La Emperatriz

El arcano mayor La emperatriz, representa los poderes y virtudes femeninos por excelencia. Hablamos así, primeramente, de fertilidad e intuición, de una impecable inteligencia emocional, de una inigualable sensibilidad. Es la “gran Eva”, la gran madre, la parte femenina.
Vivimos en una existencia signada inevitablemente por el dualismo: día y noche, cielo y tierra, hombre y mujer. Todo cuanto existe debe, necesariamente, poseer atributos de las dos esencias primigenias (esencias que se definen a sí mismas por oposición). No hay existencia de una sola esencia: no existe ningún lugar dónde solo brille la luz o solo reine la sombra, ¿qué sería la luz si no tuviera una sombra sobre la cual brillar, qué sería la sombra si no aquello que la luz no nos permite ver?; no existen hijos que solo tengan padre, como así tampoco existen hijos que hayan sido engendrados exclusivamente por una mujer, macho y hembra han de fusionarse para la creación de un heredero, individuo cuya existencia habrá sido concebida en la impecable fusión de partes opuestas.
Así La emperatriz está presente en todo cuanto vive y ha necesitado, para ello, de una madre. Nos hizo crecer tibiamente en su vientre, aportándonos la energía necesaria para dar correctamente cada paso hacia la individualidad; nos dio un cuerpo y con él nos dio también los sentidos. Todo lo sensible suele estar relacionado con La emperatriz; es nuestra capacidad sensorial: el frío y el calor, la suave y lo áspero, el placer y el dolor.

En un mundo claramente dominado por la imposición de valores relacionados con lo masculino, La Emperatriz es, sin lugar a dudas, uno de los arcanos mayores más interesantes de considerar. Existe en ella mucho de eso que la moral patriarcal ha considerado, desde hace milenios, como malo; cierta inclinación por los sentidos en detrimento de las capacidades racionales y espirituales, cierto amor por la piel y la carne, una increíble capacidad de captar la belleza más allá del pensamiento.

La sensualidad es, no cabe ninguna duda, uno de los poderes más destacables de esta carta. Tiene aquello propio del canto de las sirenas, que nos atrae sin nunca pasarnos a buscar; aquel poder pasivo y magnético, que sabe invitarnos muy sutilmente al conocimiento de un mundo más intenso.

Son muchas las personas -hombres y mujeres- que se asustan en la contemplación de los poderes de La emperatriz; su “Dios padre” les ha hecho creer más en aquello que está en el cielo, más allá de la vida. Este arcano es vida e instinto, naturaleza irrefrenable.



La emperatriz posee, asimismo, aquella forma de conocimiento distinta al entendimiento racional; hablamos así de la intuición. Mientras el pensamiento racional funciona perfectamente a la hora de reunir y coordinar la acción de varias partes, la intuición posee la característica de ser, antes que nada, un todo indivisible. Se nos presenta en la forma de un gran sentimiento; una especie de impulso que nos hace creer que nuestro cuerpo sabe más que nuestra mente. En tanto la intuición no presenta partes aislables, no puede ser escudriñada a la luz del pensamiento racional; todo intento de análisis de una intuición nos aleja, inmediatamente, de esa intuición. La intuición no permite forcejeos ni contempla posibilidades distintas; desconoce la abstracción.

En la baraja Waite – Smith vemos reflejado, en todo su esplendor, el mundo natural. Su escudo es un corazón con el signo de Venus (transmutación romana de la diosa Afrodita griega).

La aparición de este arcano en forma invertida puede querer indicarnos un exceso de racionalización frente a una situación emotiva que en el fondo nos desborda. De esta manera la carta nos recomienda relajo y calma, nos pide que confiemos en nuestra parte femenina; quiere recordarnos que no todo en la vida es susceptible de análisis racional, que a veces, como Arquímedes, es necesario darse un baño -y calmarse- para poder cantar “eureka”.

La emperatriz es una carta en extremo amplia y poderosa, cuyos significados, lamentablemente, suelen ser malinterpretados. Para encontrar aquello que esta carta quiere decirnos debemos ser particularmente valientes. Debemos entender que no todo está en el pensamiento, porque la realidad se extiende mucho más allá de los parámetros de nuestra razón; que no siempre es necesaria la correcta dilucidación entre el bien y el mal. Esto -este rechazo a la necesidad de un pronunciamiento moral- transforma a este arcano mayor en una de las cartas más repudiadas y conflictivas para las personas cuya mentalidad está rígidamente centrada en los valores de carácter masculino.

3 comentarios:

  1. Hola Alma, vaya que eres activa aqui en blogger, me gusta encontrar blogs asi!

    xhaludos!

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  2. Eres alguien vinculada con el misticismo, eh. Me agrado eso.

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